Vivir una enfermedad o afrontar las limitaciones propias de la edad no siempre es fácil. Con frecuencia, estas situaciones traen consigo temores, tristeza, dudas y momentos de soledad. También pueden convertirse en una prueba para la persona que las padece y para su familia, que muchas veces vive este camino con preocupación, cansancio y entrega. Pero, en medio de esa experiencia de fragilidad, la fe se convierte en un apoyo fundamental: nos ayuda a mirar el sufrimiento con esperanza, a reconocer la presencia cercana de Dios y a encontrar la fortaleza necesaria para seguir caminando.

Como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica:

“La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1501).

Con este espíritu, el pasado domingo, 10 de mayo, nuestra Parroquia celebró la Pascua del Enfermo y de las Personas Mayores, una jornada especialmente dedicada a nuestros hermanos enfermos, mayores y a sus familias.

A las 19:00h tuvo lugar la celebración de la Unción de los Enfermos, sacramento de consuelo, fortaleza y esperanza para quienes viven la fragilidad de la enfermedad o el paso de los años. Fue un momento profundamente comunitario, en el que pudimos sentir la cercanía de Dios y el cariño de toda la parroquia.

Al finalizar la celebración, compartimos un ágape fraterno, vivido con mucha alegría y con un hermoso sentimiento de pertenencia a la comunidad. A pesar de la debilidad que pueden traer la enfermedad o la edad, esta Pascua del Enfermo nos recordó que todos somos parte viva de la Iglesia y que nadie camina solo cuando se siente acompañado por Dios y por sus hermanos.

La organización de este encuentro estuvo a cargo de la Pastoral de la Salud, junto con el grupo Testigos Vivos de la Inmaculada, a quienes agradecemos su entrega, cercanía y dedicación en el acompañamiento de las personas enfermas y mayores de nuestra parroquia.

Durante el compartir, disfrutamos también de la música del Coro Luis Velázquez Peña, que, como cada año, nos acompañó con generosidad y alegría. Les expresamos nuestro más sincero agradecimiento por poner sus voces al servicio de este momento tan especial.

Damos gracias a Dios por esta celebración, por cada persona que participó y por el testimonio de fe, esperanza y fraternidad que vivimos juntos como comunidad parroquial.